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LAXEIRO
    No puedo precisar cuando fue exactamente, pero de lo que voy a narrar ahora sucedió hace ya algunos años.
    Un buen día recibí una llamada telefónica de alguien que se identifico como un poeta argentino llamado Felman o algo parecido. Por solidaridad con un compatriota atendí la llamada de aquél, para mi desconocido poeta. Me dijo que había recién llegado de Buenos Aires y que tenía consigo algo que seguramente podría interesarme. Lo que aquel hombre traía era una carpeta de dibujos y pinturas de un tal Laxeiro del que manifestó era un enorme pintor gallego que estaba recién llegado a España regresando del exilio al final de la dictadura y aprovechando la primera tímida apertura a la democracia y que naturalmente no andaba bien de dineros. Revisé bien la carpeta y efectivamente quedé muy impresionado con aquella obra. Pregunté el precio y me dijo que por veinticinco mil pesetas sería mía. Pagué lo pedido y la carpeta fue nuestra. Cuando se la presenté a mi esposa, pintora ella y como consecuencia experta en la materia me confirmó la valía de aquel material. La carpeta pasó a formar parte de una incipiente colección pictórica. Pusimos a buen recaudo lo adquirido y a poco nos olvidamos del asunto.
    El gran hotel de la Toja fue recuperado de su lamentable estado de conservación debido a malas administraciones hasta la llegada a la dirección general de nuestro amigo Félix Alvarez Cordero quién con bastante sacrificio y desvelos logró devolverle al hotel el original esplendor de antaño y además creó en el subsuelo del mismo un club termal con todo tipo de adelantos y comodidades en su género para una clientela selecta que estaba dispuesto a recuperar. Así fue que también un buen día Félix nos invitó a conocer su obra terminada. Mi esposa y yo salimos de Madrid en nuestro automóvil y después de algunas horas de viaje llegamos finalmente al renovado Gran Hotel de La Toja. La isla de la Toja es un lugar paradisíaco que emerge en la ría de Arosa a a corta distancia de O Grove, población marinera a la que pertenece. Félix que nos recibió con gran alegría, por algo tanto él como su esposa Cristina son de nuestros mejores amigos. Una vez instalados en una coqueta suite comenzó la ronda de los asombros. Cada rincón del hotel mostraba su encanto y buen gusto de los restauradores. Al llegar la noche dormimos para recuperar el cansancio del viaje y a la mañana siguiente fuimos despertados por una camarera que portaba un soberbio desayuno a nuestro cuarto. Después de aquel desayuno bajamos a visitar el club termal y de paso fuimos reservando tiempo para baños y masajes. Así gastamos casi toda la mañana que completamos con un largo paseo disfrutando de la belleza natural de aquellos paisajes. Al mediodía fuimos a almorzar al restaurante del hotel. Mesas con mantelería impoluta y un servicio de primera. Fuimos de los primeros huéspedes en ocupar una mesa en aquel comedor. Por supuesto en el menú que nos sirvieron no faltó la fuente de mariscos regada con un generoso Alvariño, Mientras esto ocurría, vimos que no éramos los primeros en el recinto pues escuchamos en otra mesa cercana a un hombre mayor debajo de un extraño sombrero negro que protestaba enérgicamente y voz alta contra el servicio alegando que ya estaba harto de yogurts y demás porquerías (sic) y exigía que le sirvieran algo de marisco y un buen trozo de merluza a la gallega y por supuesto una buena botella de Alvariño. Evidentemente aquel hombre estaba sometido a un severo régimen de comidas contra el que se revelaba. Asombrados ante aquella protesta preguntamos al maitre quién era tan airado señor. ¡ Cömo, dijo el maitre, es que no saben ustedes quién es?, pues no, dije yo.
    Es el gran maestro Laxeiro, nuestra mas grande gloria gallega; el pintor más importante que ha dado ésta nuestra tierra al mundo de la cultura. Mi esposa y yo nos miramos y casi al unísono pensamos en aquella carpeta que varios años antes habíamos comprado y que guardábamos en nuestra residencia de Madrid. Me acerqué a la mesa del maestro, me presenté, se alegró de conocerme y de inmediato se puso en pié y se vino a nuestra mesa. Hablamos de muchas cosas e incluso de la famosa carpeta y nos dijo que con el tiempo transcurrido desde su adquisición aquello había multiplicado su valor. Cuándo mi esposa le dijo que ella era pintora se estableció entre ambos una relación muy especial debido por supuesto a una sensibilidad afín entre artistas plásticos. Nació entre nosotros una auténtica amistad que duró hasta su muerte y aún después su figura y sus conductas son motivos de recuerdos entrañables cuando el destino juega al juego de los encuentros con Félix y Cristina siempre surge su recuerdo para sentir que siempre está entre nosotros. Podría perderme en un sin fin de anécdotas, todas sabrosas pero no quiero abusar de la generosidad de Xosé Neira Vilas que me invitó a escribir un comentario sobre el gran Laxeiro para incluirlo en un libro que sobre el pintor está escribiendo recalando opiniones de quienes le hemos conocido y hemos sido sus amigos. Para publicar este comentario en mi página Web,no resisto la tentación de narrar alguna anécdota de este hombre. Por ejemplo: un día lo vimos subir desde el club termal visiblemente excitado y con un brillo especial en los ojos.
    Al encontrarnos en el bar inglés del hotel no dijo que venía muy excitado porque había tenido un orgasmo y se festejaba por ello. Al inquirir como había sido nos dijo que después de soportar una experiencia de fomentos con barros calientes y una media hora de tina con agua caliente y embarrada es decir térmica y liberada con fuerza a través de múltiples pequeños agujeros a modo de masaje se sometió a unos masajes físicos en las manos Cathy, una masajista profesional del balneario de la que estaba secretamente enamorado y fue precisamente durante aquellos masajes que se produjo el milagro. Nosotros festejamos su cuento con alegría pues no es común que un hombre pasados generosamente los ochenta años tenga ese tipo de experiencias. Más tarde mi esposa conversando con la tal Cathy, ésta le comento que se había excitado tanto durante el masaje que se orinó encima. Incorregible mujeriego solía decirnos que para él el sexo había sido y era a lo largo de su vida algo fundamental para la supervivencia y longevidad. Tal era su obsesión que un día nos pidió que le lleváramos a Lalín, población donde había nacido y donde tenía una pequeña finca y un hermoso estudio de pintura. El lugar era sencillamente tan bucólico como precioso, realmente digno de un pintor de su talento y de su estatura artística. Allí tenía un caballo blanco libre en la pequeña pradera que rodeaba la casa y decía que aquel animal era el padrillo más famoso de la región, que no había yegua que se le resistiese. Decía aquello con melancolía en la voz: ¡nos parecemos tanto!
    Laxeiro vivía en un céntrico y muy coqueto apartamento en el último piso de un moderno edificio en la calle principal de Vigo. Allí le atendía Agustina, también pintora joven que artísticamente se nutría de las enseñanzas del maestro. Se llevaban muy mal, vivían peleándose con frases ofensivas y terribles. El decía que aquella mujer estaba con él para aprovecharse de su fama y ella soportaba aquellos insultos con auténtica resignación franciscana.
    Nosotros no podíamos creer que pudieran convivir en aquel clima de odio y
    agresiones constantes, pero debo decir que Agustina por la inmensa admiración que sentía por él, le soportaba todo y nunca lo abandonó. En el fondo aquello era una forma distinta de amor a todo lo conocido pero amor al fin y al cabo. Anciano cascarrabias como él pocos, pero al mismo tiempo denotaba una ternura infinita que trataba de ocultar para no parecer un débil. Vigo es una ciudad moderna con algunos monumentos realmente bellos. Hay por ejemplo en el centro de una rotonda donde confluyen varias avenidas y calles una fuente con caballos alados realmente espectacular que a él no le gustaba nada. En otro enclave de la ciudad una estatua de un pez enorme llamado el “Sireno.” Laxeiro amaba aquel monumento y yo le hacía rabiar llamándole el merluzo. Montaba en cólera y me decía ¿ y tu eres un poeta?.
    Yo calmaba la tormenta diciéndole que solo trataba de hacerle rabiar un poco y entonces las aguas volvían a su curso normal. Cuando nos avisaron de su deceso, nos fuimos a Vigo para acompañarlo a su última morada. Sus restos fueron velados en el recinto donde es hoy es el museo Laxeiro. Allí en medio de sus obras se instaló el catafalco y encima su eterno sombrero negro.Lloramos la muerte del amigo lo mismo que disfrutamos de su amistad los últimos años de su larga y prolífera vida.
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